El nacimiento de los Dorits

Ir a capítulo 1 – Un baile mágico

Según avanzaba la mañana, nuestra querida Luna podía ver como las flores una a una cambiaban de color y se cerraban poco a poco. ¡¡¡Parecía que tenían algo en su interior!!!

-Son muy pequeñas y desde aquí no puedo ver qué sucede- Se lamentaba Luna muy excitada desde un rincón lejano del cielo, que es donde debe ir a descansar.

Al medio día cuando el sol brillaba en todo su esplendor, las flores, ahora ya cada una de diferente color, empezaron a moverse tan rápido como si hubiera alguien bailando en su interior. ¿Qué sería? se preguntaba Luna muy nerviosa ¿Qué habría pasado aquella mágica y especial noche? Nunca, en todos los miles de años que llevaban celebrando aquel fantástico baile había visto nada igual…

El nacimiento de los Dorits, relatos

Según fue avanzando el día y Sol seguía su camino para calentar y alumbrar otros países de la Tierra, cuando los campesinos ya habían acabado su jornada y se dirigían a sus casas para cenar con sus familias, Luna, llena de curiosidad no pudo aguantar más y se acercó a mirar aquellas extrañas flores que tanto se movían y tanto colorido despedían. Al principio escuchó muchas risas y cuanto más se acercaba, mejor podía escuchar unas vocecitas inquietas que provenían de aquellas bonitas flores, únicas porque las estrellas habían dejado su polvo mágico en ellas. Pero ahora ya no estaban cerradas sino totalmente abiertas, despidiendo una luz dorada y brillante típica de las estrellas.

Cegada por el resplandor, no podía ver qué pasaba… sólo escuchar… Sus ojos, poco a poco se fueron acostumbrando a la luz y entonces fue el momento en que vio a aquellas fantásticas criaturas. Eran pequeñas, no median más de cinco centímetros, tenían los ojos muy grandes y unas pequeñas alas que les servían para volar cual mariposas. Reían, hablaban y bailaban muy animadas en lo que parecía una fiesta en toda regla.

El nacimiento de los Dorits, relatos

Una de ellas se dio cuenta de la presencia de Luna y exclamó:

Hola mamá Luna, ¡te estábamos esperando! – De repente, todas las criaturas se giraron hacia ella y gritaron al unísono – ¡Hola mamá Luna, hola! ¡Estamos muy contentos de que hayas venido a vernos, te esperábamos!

¿Quién sois? – preguntó Luna.

Yo soy Jacinto – dijo una de las criaturas con un reflejo de luz violeta.

Yo alegría – respondió otra con un resplandor rojo.Y poco a poco fueron presentándose a Luna una a una. Todos tenían colores diferentes y nombres de flores que hacían referencia a su color.

Hemos nacido del polvo de las estrellas y las flores de la Tierra. Tenemos la sabiduría de los astros y la capacidad de hablar con todos los seres vivos- exclamó Diente de León.

Luna, no conocemos nada de éste fantástico planeta y de los seres que lo habitan. Sabemos muchos idiomas pero no hemos hablado con nadie aún- murmuró Margarita con una vocecita medio triste, medio preocupada.

Mi querida Margarita- le dijo Luna con la voz más cariñosa que pudo (ya que no salía de su asombro) – en este planeta habitan muchas personas, animales y plantas. Son distintos, pero en el fondo todos se parecen. Los pájaros, aunque tengan las alas de diferentes colores y tamaños, aunque vuelen más alto o más bajo, aunque asciendan más rápido o más lento en su interior tienen un alma libre y necesitan volar en libertad para ser felices. Las plantas, ya sean arbustos o flores, árboles o hierba necesitan agua limpia y tierra para crecer y dar su fruto. De todas las especies que habitan el Planeta Tierra, resalta una por ser la más extendida y complicada de todas, los seres humanos.

¿Por qué son complicados los humanos, mamá Luna?- preguntó Amapola.

Hace tantos y tantos años que los observo desde el cielo, que no sabría por donde empezar a explicaros…- contestó Luna.

¿En qué parte del planeta viven los humanos?

Pues verás Jacinto, es la única especie que ha sabido adaptarse a todos los climas y lugares de la Tierra.

¡¡¡ Vaya, deben ser muy listos!!! contestó Rosa.

Sí, si que son listos aunque a veces se pierden en sus propias ideas y no saben diferenciar lo que es importante de lo que no lo es. Muchas veces hacen cosas que dañan todo a su alrededor y también sus cuerpos, sus almas y otros seres humanos… Pierden la felicidad y no saben porqué y cómo recuperarla…

No lo entiendo – se sorprendió Clavel.

Para entenderlos deberíais convivir con ellos, escucharlos, observarlos, conocer sus costumbres y creencias. Puede que así entendáis lo que intento explicaros e indicarles el camino de vuelta a la tranquilidad y la felicidad. Quizás sería buena idea que vosotros, mis queridos Dorits, viváis vuestras propias experiencias en la Tierra, llevando vuestra sabiduría y buenos consejos a todos los seres del planeta.

Pero mamá Luna… acabamos de nacer y nos sentiríamos solos si nos separamos- lamentó Begonia.

Yo siempre voy a estar ahí con vosotros observando desde el cielo, compartiendo vuestras alegrías y tristezas, viviendo aventuras a través de vosotros. Jamás os dejaré solos, pero entiende que sois muy especiales y podéis hacer mucho bien. Tenéis la sabiduría de millones de años en el universo, la capacidad de comunicaros con todos los seres vivos y la ilusión de la juventud que acaba de nacer, cuando todo es nuevo, todo es la primera vez…

¿Dónde quieres que vayamos primero mamá Luna?- preguntó Gladiolo.

¿Podemos ir donde queramos? – exclamó Hortensia muy excitada.

¡Claro mis pequeños! Id donde más os guste. Recordad que vuestra madre siempre estará en el cielo cuidando de vosotros.

Poco a poco, los recién nacidos Dorits fueron despidiéndose de su mamá con un fuerte abrazo y un beso. Al principio todos estaban un poco tristes y hubieron algunas lágrimas, pero en seguida se fueron contagiando de la ilusión y alegría del que hace un interesante viaje en busca de nuevas experiencias y aventuras sin fin.

Continuará…

Imágenes

Libres de derechos – Pixabay

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